Actualizado en 21/06/2013

VÁRICES | Tratamiento y síntomas

Las várices son venas retorcidas y dilatadas que surgen debido a la enfermedad de estos vasos, y que pueden ser vistas a través de la piel. Este texto abordará las várices en las piernas (várices de los miembros inferiores), haciendo énfasis en las causas, síntomas, prevención y tratamiento.

Para complementar las informaciones de este texto, deberá leer: VÁRICES / Preguntas más frecuentes, texto que será escrito en las próximas semanas.

Contrario a lo que se piensa, las várices de las piernas no son sólo un problema estético. La presencia de la várice indica una vena enferma, siendo muchas veces la primera señal de una insuficiencia venosa crónica.

Para que podamos entender la causa de las várices y cuáles son sus potenciales complicaciones, es necesario entender cómo funcionan las venas.

¿Qué son las várices?

Nuestra sangre es transportada por dos tipos de vasos: arterias y venas. La arteria es el vaso que lleva la sangre rica en oxígeno lejos del corazón, en dirección al resto del cuerpo, nutriendo órganos y tejidos. La vena es el vaso que trae la sangre de regreso al corazón y los pulmones para que éste pueda recibir oxígeno nuevamente.

La sangre llega a las piernas a través de las arterias y sube de regreso al corazón por medio de las venas. Como usted ya imagina, las venas de las piernas trabajan contra la gravedad. Podemos decir que las várices son un efecto colateral de nuestro proceso evolutivo que nos permitió andar de pie sobre las dos piernas. Cuando nos hicimos bípedos, nuestro corazón pasó a estar lejos de nuestros miembros inferiores, lo cual dificultó mucho el retorno de la sangre al mismo. Pero ¿cómo es, entonces, que esta sangre sube?

El trabajo de bombeo del corazón, por sí solo, no es suficiente para vencer la gravedad. En realidad las venas poseen un mecanismo que facilita su trabajo: las válvulas.

Válvulas

Las válvulas son mecanismos de seguridad que funcionan como compuertas, impidiendo que la sangre refluya. De este modo, la sangre sigue siempre en una única dirección.

Ahora imagine que estas válvulas queden inservibles. La sangre que debería subir comienza a retornar hacia abajo y a acumularse con la sangre nueva que está subiendo. No es difícil saber el porqué de la dilatación de las venas. Este es el mecanismo básico de las várices, venas enfermas que se tornan dilatadas y retorcidas por incapacidad de drenar la sangre en dirección al corazón.

Como las venas periféricas de las piernas se encuentran muy próximas a la piel, cualquier retorcimiento o dilatación se torna fácilmente perceptible.

Además de las válvulas, nuestros miembros inferiores tienen dos trucos más bajo la manga:

Varizes
Varizes

Bomba plantar: cada vez que pisamos, el impacto de la planta del pie con el suelo provoca un bombeo mecánico de sangre acumulada en los pies.
Bomba de la pantorrilla: además de la bomba plantar, cuando pisamos, usamos la musculatura de la pantorrilla. Del mismo modo, la contracción de estos músculos impulsa la sangre venosa hacia arriba.

Resumiendo: son tres los mecanismos que facilitan el retorno de la sangre hacia el corazón: presencia de las válvulas en las venas, bomba plantar y bomba de la pantorrilla, estas dos últimas se suman cuando caminamos.

Factores de riesgo de las várices

Cerca del 25% de las mujeres y 15% de los hombres presentan várices en las piernas. Como ya se ha explicado, las várices surgen cuando ocurre un estancamiento de la sangre de las venas, en general, por incompetencia de las válvulas venosas.

Los principales factores de riesgo son:

Sexo femenino: la presencia de algunas hormonas, como la progesterona, causan dilatación de las venas y favorecen la incompetencia valvular.

Edad: las várices surgen a partir de los 30 años y van apareciendo más con la vejez. Las venas más viejas y sometidas al trabajo contra la gravedad hace decenas de años están más propensas de quedar enfermas.

Historial familiar: la presencia de várices suele ser una tendencia familiar. Existe un componente genético facilitando el aparecimiento de las mismas en algunas personas.

Obesidad: cuanto más pesados somos, mayor resulta la presión sobre las venas (recomendamos la lectura del texto OBESIDAD Y SÍNDROME METABÓLICO, el cual será escrito en las próximas semanas).

Tabaquismo: el cigarro agrede la pared de los vasos, tornándolos enfermos (lea: CÓMO Y POR QUÉ PARAR DE FUMAR, texto que será escrito en las próximas semanas).

Embarazo: el aumento de las hormonas, asociado a un mayor volumen de sangre circulante y a la compresión de las venas intra-abdominales por un útero cada vez mayor, favorecen el surgimiento de las várices.

Sedentarismo: como ya se ha explicado, el acto de caminar facilita el retorno venoso, disminuyendo el estancamiento de la sangre dentro de las venas.

Traumas en las piernas: cualquier trauma que cause lesión en las venas puede tornarlas más débiles y susceptibles a las dilataciones.

Quedar de pie durante largos periodos: una persona en pie, sin caminar durante varias horas, está dificultando el retorno venoso y facilitando la aparición de várices.

Quedar varias horas sentado con las piernas dobladas: siéntese y cruce las piernas, tal como solemos hacerlo. Imagine sus vasos como una manguera. Si usted queda durante varias horas seguidas con las piernas cruzadas, la sangre continuará necesitando vencer la gravedad para subir, sólo que, además de eso, los vasos no están rectos como en la posición en pie, pero sí con un trayecto retorcido.

Píldoras anticonceptivas: una vez más, la variación hormonal es un factor responsable por las várices.

Síntomas de las várices

Las várices son normalmente venas retorcidas y dilatadas que no causan mayores síntomas, salvo la incomodidad estética. Surgen siempre en las venas más superficiales, por ello son tan aparentes.

Cuando son grandes, las várices pueden sangrar después de sufrir traumas o formar pequeños trombos, un cuadro denominado de tromboflebitis.

Las várices, cuando son múltiples, pueden ser una de las manifestaciones de la llamada insuficiencia venosa crónica. Cuando varias venas se tornan insuficientes y varicosas, la sangre comienza a quedar retenida en los miembros inferiores, causando incomodidad, sensación de peso, dolor local, edemas, oscurecimiento de la piel y, en casos avanzados, la aparición de úlceras e infecciones de piel.

En realidad, se deben encarar las várices como un estadio intermedio de la insuficiencia venosa, que puede ser dividida en las siguientes fases:

Telangiectasias o arañas vasculares

Las telangiectasias son pequeñas venas moradas, muy finas, que surgen en la fase inicial de la insuficiencia venosa, como en la foto que aparece al lado. Son señales de enfermedad de las pequeñísimas venas superficiales que quedan justo debajo de la piel. Son una especie de microvárices.

En esta fase, no suele haber otras señales y síntomas, excepto la aparición de las propias telangiectasias.

Várices

El surgimiento de las várices indica que la dificultad en retornar la sangre ya afectó venas mayores. El paciente puede tener una única várice o, en fases más avanzadas de la enfermedad, presentar varias várices.

Edemas

Cuantas más várices existan, más obvia es la insuficiencia venosa. La sangre que no logra retornar hacia el resto del cuerpo queda estancada en las piernas, lo cual causa la aparición de los edemas (inflamaciones).

En las fases iniciales, el edema suele aparecer en los tobillos y solamente al final del día, cuando el paciente ya pasó varias horas de pie. Conforme la enfermedad avanza, la inflamación puede tornarse persistente, pudiendo acometer toda la pierna.

Cuando ya existe edema, pueden haber otros síntomas como peso en las piernas, calambre nocturnos (lea: CALAMBRES | Causas y tratamientos), sensación de quemazón, comezón y dolor en el trayecto de las várices.

Alteraciones de la piel

Insuficiencia venosa
Insuficiencia venosa

Además del edema, la retención de sangre de los miembros inferiores puede causar alteración de coloración de la piel, dejándola más oscura y morada.

Las pequeñas venas y capilares dañados de las piernas permiten la extravasación de los glóbulos rojos que, al ser destruidos, liberan sus pigmentos rojos que acaban depositándose en la piel.

En esta fase, la piel puede sufrir alteraciones en su textura, quedando reseca e inflamada, lo cual recibe el nombre de dermatitis de estasis. Esta dermatitis se caracteriza por un engrosamiento de la piel asociado a la descamación, erosión y pérdida de líquidos por los poros.

En esta fase, la piel se torna vulnerable, facilitando la invasión de la misma por bacterias y el desarrollo de infecciones, como erisipela y celulitis (lea: ERISIPELA y CELULITIS | Causas y tratamiento).

Úlceras

Insuficiencia venosa - úlcera
Insuficiência venosa con úlceras

El último estadio de la insuficiencia venosa es la aparición de úlceras en la piel. Pueden ser únicas o múltiples y se localizan por lo común cerca del tobillo, lugar de mayor estasis.

Las úlceras normalmente aparecen después de pequeños traumas y se forman debido a la fragilidad de la piel y de los vasos.

Si no se tratan, las úlceras continúan creciendo de modo circunferencial, pudiendo tornarse lesiones gigantes y frecuentes puntos susceptibles a las infecciones.

¿Cómo evitar várices?

Como ya se puede entender, la aparición de las várices y telangiectasias es un estadio inicial que puede evolucionar hacia una insuficiencia venosa crónica. Es importante que los pacientes con estas alteraciones perciban que sus venas de los miembros inferiores comienza a dar señales de falencia.

En las fases iniciales, algunas alteraciones en los hábitos de vida son importantes. Se debe parar de fumar y evitar largos periodos sentado o de pie, se deben practicar ejercicios con frecuencia, principalmente caminatas para estimular las bomba plantar y la bomba de la pantorrilla. Si usted tiene sobrepeso, adelgace.

Ejercicios como la musculación, si son realizados de forma correcta, no causan várices. Depilarse las piernas tampoco tiene ninguna influencia. Subir escaleras no es malo, por el contrario, el impacto de los pies en las gradas favorece el retorno venoso.

En pacientes con predisposición genética muy fuerte, lo ideal es buscar otros métodos contraceptivos que no sean las píldoras anticonceptivas.

Tratamiento de las várices

Si ya existen várices, los consejos descritos arriba son esenciales, pero, aisladamente, pueden no ser suficientes.

Si ya existen señales de várices o telangiectasias, el uso de medias compresivas ayuda bastante. Las medias deben ser usadas durante todo el día, principalmente en las horas en que se permanece mucho tiempo de pie. Las medias deben ser justas, pero no muy apretadas. Lo ideal es buscar orientación de un angiólogo o cirujano vascular a la hora de escoger las medias más adecuadas.

Acostarse con las piernas levantadas arriba del nivel del corazón durante 30 minutos, tres o cuatro veces por día, también es importante.

Algunos medicamentos, cuando se usan junto a las medidas descritas arriba, ayudan al control de las várices. Los más usados son la pentoxifilina (Trental®) y el Daflon®.

Los diuréticos deben ser evitados. Cuando se usan, debe ser por poco tiempo, ya que pueden empeorar los edemas.

Muchas veces, sin embargo, es necesario el tratamiento quirúrgico de las várices. Las principales modalidades son:

Escleroterapia para várices: es un procedimiento usado para várices de tamaño pequeño, donde el médico inyecta sustancias que causan esclerosis (destrucción y cicatrización) de la vena seleccionada. Como esta vena deja de recibir sangre, se torna inútil y, con el tiempo, el cuerpo la elimina. Es una técnica que necesita de repeticiones, pero prescinde de la anestesia y puede ser realizada en el propio consultorio. Incluso, para que sea efectiva, debe ser realizada por médicos debidamente capacitados.

Cirugía a láser para várices: se usa también en pequeñas várices y telangiectasias, consiste en la destrucción de estos pequeños vasos a través de la aplicación de láser. Es un procedimiento que no necesita de aguja o incisiones. No es tan bueno como la escleroterapia y no son todos los tipos de piel que pueden recibir los pulsos del láser. Funciona mejor en las telangiectasias.

Ablación por catéteres de las várices: indicado en várices de mayor calibre. Un pequeño tubo (catéter) es inserido dentro de la várice, que puede ser destruida por calor (laser endovenosos) o por radiofrecuencia.

Cirugía para várices: consiste en la retirada quirúrgica de la vena varicosa. Actualmente este tipo de cirugía se hace con mínimas incisiones y la hospitalización no suele pasar de un día. Cuando las várices son muy pequeñas, este procedimiento puede llevarse a cabo de forma ambulatoria.

Independientemente de la técnica, la destrucción o retirada de la vena varicosa no trae ningún problema a las piernas, ya que la vena tratada ya no funciona bien. El flujo de sangre es automáticamente desviado hacia otras venas colaterales y profundas. Una vena varicosa no hace falta.

Las várices tratadas no aparecen de nuevo. Lo que puede ocurrir es el surgimiento de nuevas várices. Es importante entender que los tratamientos descritos arriba apenas eliminan las várices existentes, pero no interfieren en el proceso que las causa.

Este texto fue traducido por Carlos Ordóñez.
Versión en portugués: VARIZES